La influencia del género en la consulta médica

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El género, entendido como una construcción social e histórica de los roles tradicionales y los estereotipos masculinos y femeninos, influye en la salud debido a que está estrechamente relacionado con la forma en la que se perciben las enfermedades, las condiciones sociales, económicas y culturales que forman parte de la vida cotidiana y que determinan en gran medida el acceso a los servicios de salud, la manera en la que se confronta a la enfermedad, la prontitud con la que se solicita la atención médica y la forma en la que cada individuo entiende su propio proceso de salud-enfermedad lo que implica también el apego a las indicaciones y los tratamientos médicos.

Nuestro mundo experimenta una serie de cambios que revolucionarán diferentes áreas del comportamiento humano. Dos de los más importantes se refieren a la transición demográfica (la composición de la población) y a la transición epidemiológica (la manera de enfermar). A nivel mundial y desde hace muchas décadas las mujeres viven más que los hombres; en 2012 por cada 100 mujeres mayores de 60 años de edad existían 84 hombres y esa proporción se incrementaba aún más con la edad, así que por cada 100 mujeres mayores de 80 años solamente sobrevivían 61 hombres. En México actualmente viven más mujeres que hombres y esta diferencia también se hace mucho más marcada en la medida que avanza la edad de la población, de tal suerte que para los adultos mayores de 60 años en nuestro país, la predominancia del género femenino es categórica. Esta feminización del envejecimiento es un fenómeno que cada vez tendrá mayor impacto en nuestra sociedad y seguramente influirá en la toma de decisiones a nivel de política pública.

La atención médica ambulatoria, mejor conocida como la consulta médica, es la pieza más importante de la medicina a nivel poblacional y es por esto que la influencia del género también se deja ver en esta práctica médica cotidiana. México es “muchos Méxicos” y sabemos que las condiciones sociales, sanitarias y culturales son bien diferentes en las distintas regiones que conforman a nuestro país. En una cultura como la nuestra, existen regiones del país donde la mujer se ha caracterizado por ser abnegada, invulnerable y en ocasiones hasta sumisa con respecto a su contraparte masculina así que no es extraño percatarse que, en ocasiones, la atención médica hacia las mujeres llega de forma tardía y a veces no tan completa o detallada como la de los hombres. En gran medida esto tiene que ver con el paradigma, obsoleto por supuesto, de que las enfermedades (cardiovasculares por ejemplo) afectan mucho más frecuentemente a los hombres que a las mujeres. Es por esto que el umbral de sospecha, por parte del profesional de la salud, es menor en las mujeres lo que provoca que la enfermedad no se diagnostique o se haga tardíamente, con las consecuencias negativas que esto significa para ellas.

Existen además otras razones por las que la atención a las mujeres puede verse afectada y es bien sabido, por ejemplo, que los síntomas o malestares típicos que sugieren la presencia de angina de pecho o infarto no se presentan tan comúnmente en las mujeres y que por el contrario, la presencia de los denominados “equivalentes anginosos” como la falta de aire, la fatiga, las náuseas al realizar algún esfuerzo, los mareos o hasta un desmayo pueden ser el síntoma inicial de un infarto en las mujeres. Esto es particularmente cierto para el grupo de las mujeres adultas mayores, ya que es en este grupo etario en donde habitualmente observamos una menor frecuencia de sintomatología dolorosa y como consecuencia el diagnóstico de certeza se concluye con cierto retraso o en el peor de los casos, no se documenta.

Es necesario estimular por igual, en el hombre y en la mujer, la decisión de acudir al médico para conocer su estado de salud y considerar a las visitas preventivas tanto o más importantes que las visitas que se realizan por alguna molestia en particular, como por ejemplo cuando se tiene gripa o algún dolor. Debemos recordar que la mayoría de las enfermedades crónicas no transmisibles, como la hipertensión arterial, la diabetes o la elevación de los niveles de colesterol, no generan síntomas específicos la mayor parte de las veces y la única manera de hacer un diagnóstico oportuno es buscando intencionadamente su presencia en los individuos.

Se ha documentado que hasta el 80% de las decisiones en el hogar, particularmente aquellas relacionadas con alimentación y salud, son tomadas por mujeres, independientemente si esas decisiones son para ellas mismas o si involucran a su pareja o a los otros miembros de la familia. Esto significa un cambio que se verá reflejado cada vez más en las décadas subsecuentes. No obstante, la heterogeneidad de los núcleos familiares también deja ver que ellas anteponen las necesidades de los familiares por encima de las suyas y esto explica y justifica la gran atención que se puesto en fechas recientes en la atención médica del sexo femenino. Existen actualmente diversas campañas mediáticas que intentan generar esta conciencia en las mujeres y en los que las rodean; sirva como ejemplo, la detección oportuna de cardiopatía isquémica mediante la evaluación de los factores de riesgo, las campañas de autoexploración mamaria para favorecer el diagnóstico oportuno del cáncer de mama y todos los esfuerzos para disminuir la brecha en las condiciones laborales, así como los temas relacionados con el maltrato, el cual es un tema de género con gran efervescencia en la actualidad.

Es necesario incentivar la atención preventiva en las mujeres, así como en los hombres, y dejar a un lado los paradigmas que han prevalecido en la mente de la población y los profesionales de la salud con respecto a la “protección” que los estrógenos les otorgan a las mujeres ya que, en la tercera edad con la postmenopausia, los factores de riesgo y las patologías no atendidas cobran su factura como lo podemos constatar en la información obtenida de las últimas encuestas nacionales, donde es impactante darnos cuenta que, por encima de los 60 años de edad, existen más mujeres hipertensas, que hombres, en nuestro país.

Es necesario pensar también en la nueva generación de mujeres que cada vez adoptan más los avances tecnológicos y los incorporan a sus actividades de la vida cotidiana, incluyendo sus necesidades en salud, ya sea para tareas simples como el recordatorio para tomar la medicina, o para investigar e informarse cada vez más acerca de sus padecimientos, cómo mejorar sus hábitos de la vida diaria para mantenerse saludables y en muchas ocasiones, con la finalidad de beneficiar a sus seres queridos.

SUGERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS PARA AMPLIAR EL TEMA:

-OPS/OMS y CIPD (Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo) más allá del 2014: cinco mensajes claves de salud para la Agenda Regional sobre Población y Desarrollo. Género y Salud en Cifras, Año 11 Núm. 3, septiembre-diciembre 2013. Pp. 55-58.

-Igualdad de género en materia de salud: Mayor igualdad y eficiencia en el logro de la salud para todos. Organización Panamericana de la Salud. 2010. (Texto preparado por Genevieve Grabman y Sara Friedman). Puede ser consultado en Gender-equality-in-health-SP.pdf

 

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